Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, si no sencillamente que se cumplan los míos.
Yo no sé si dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda.
Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.
Pasan misiles ahítos de barbarie globalizados
Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida
Los sentimientos son inocentes como las armas blancas
La mariposa recordará por siempre que fue gusano
Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio
Cada suicida sabe dónde le aprieta la incertidumbre
No hay alegría más alegre que el prólogo de la alegría
No sé tu nombre, sólo sé la mirada con que me lo dices













0 comentarios:
Publicar un comentario